Marc Martí | “Hypernormalisation”, desplegando a Adam Curtis
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“Hypernormalisation”, desplegando a Adam Curtis

“Hypernormalisation”, desplegando a Adam Curtis

El día 7 de marzo en el CCCB de Barcelona organizó un encuentro bajo el nombre Deconstructing Adam Curtis, un evento en el que se hablaba del documental Hypernormalisation.

Adam Curtis toma el concepto “Hipernormalisation” del historiador ruso Alexei Yurchak, con el cual describe los últimos años del estado soviético. Etiqueta el momento por el cual todos los habitantes, bajo una resignación e indiferencia, sabían que el sistema colapsaba; nadie creía en la ideología o en un futuro. Simplemente seguían hacia adelante sin nada que esperar a cambio.

El documental de Adam Curtis cuestiona las relaciones de poder, la política y cómo los ciudadanos están impotentes ante estas estructuras de estado y sistema económico.

“Hypernormalisation” es una película que condensa ese desapego que se puede sentir ante un estado estático ante las problemáticas actuales. Habla de la sensación de estar indefenso y también de la apatía que nos puede provocar ante tantos problemas por solucionar.

De cómo el centro del debate de este cambio ha virado hacia una vertiente más emocional que a una confrontación de las relaciones de poder.

Después de asistir al evento y escuchar las aportaciones de Ingrid Guardiola, Andrés Hispano y Félix Pérez-Hita me decidí a hacer una especie de resumen sobre lo hablado en el documental y también en la charla.

 

¿Qué es la normalización?

 

El Oxford English Dictionary define “normalizar” como “hacer normal, traer o regresar a una condición o estado normal o estándar”. Es una palabra, entonces, nebulosa y condicional como la idea de la normalidad misma – y una que tiene muchos significados.

“Normal” significa cosas diferentes para diferentes personas. Es una forma de convenio social al cual nos prestamos para establecer estándares en una sociedad. Eso no quita que la palabra esté cargada de ideología e interés, y a la vez, de una manera concreta de entender las relaciones y el mundo.

Una especie de línea que marca como es el escenario en el cual nos relacionamos.

Creo que en este proceso de etiquetar como “normal” comportamientos o ideas, a veces lo relacionamos con el derecho a negar al otro (la misma cosa). Una especie de muralla que nos sirve para defendernos antes que cuestionar la situación actual.

Un comportamiento a primeras bastante comprensible. Es difícil comprender nuestra identidad como una esponja y no como algo estático, como dice Hua Hsu. Más cuando hay privilegios que se nos ven cuestionados. Todo este volumen de ideas que vienen y se instalan, se refinen y no paran de cambiar poco a poco.

 

¿Cómo se inicia la normalización?

 

La normalización viene desde un lateral, una idea que se gesta en los aledaños de la sociedad para después ponerse en el centro por consenso y volverse convencional. Por el medio, habrá ideas o propuestas que se quedarán por el camino.

Estas ideas establecidas muchas veces se centrarán en la aceptación y no tanto en la creación de la identidad por oposición. Y la importancia de una narrativa sensata y razonada para encajar estas ideas es capital para que estas nuevas ideas sean “normalizadas”, explica Hua Hsu en The New Yorker.

Lo que pensamos como “normal” formará nuestro campo de visión y nos sirve para explicarnos el mundo y todas sus posibilidades. Por eso a veces se gestan estos conflictos cuando hay tensiones e intereses culturales.

Racismo, sexismo y otros odios han subido (se han expuesto más) últimamente en nuestra sociedad. Esto vendría, creo, por una mezcla entre la crisis económica e institucional sumado al incremento de las voces y altavoces que abogan por avanzar contra estos odios, prejuicios y desigualdades.

Un momento en que la comunicación ya es masiva, los altavoces “oficiales” se han visto superados y han perdido su influencia, saliendo nuevos referentes que proponen cambios.

Ahora, un momento en que los cambios pedimos que sean más rápidos, hace que muchos que tenían una visión asentada (y unos privilegios) se vean “increpados”. Estábamos “acostumbrados” a una posición cómoda. A ver racismo y sexismo pero verlo como algo “normal” o como casos aislados a los que había que resignarse. Y esto también es importante. La idea de etiquetarlo como “caso aislado” para extirpar importancia a ese conflicto social.

No hay ley perenne, todas puedes ser reescritas y los políticos van y vienen.

Parece ser que una de las soluciones sería, más allá de la definición extrema, la idea de construir marcos, contextos y colectivos en los que las personas se muestran como sujetos únicos donde puedan expresarse sin temor, escucharlos y comprender su contexto.

Una zona abierta a la interpretación y comprensión explicaba Hua Hsu. Espacio que, claro está, se vería influenciado por la corriente principal de opinión o valores, pero que debería estar abierto a cambio. Pero hay más que ganar en la mezcla que en el levantamiento de muros sin un ápice de confrontación de ideas.

 

¿Qué es la postnormalidad?

 

La aparición del prefijo “post” es un claro síntoma de esta aceleración, un “post” cargado de significado. Según Elisabet Roselló, más allá de significar “superación cultural de”, cómo posmodernidad o postpunk, también tiene implícito cierto halo de cansancio y desilusión. Además de partir del anterior estado, no como una propuesta renovadora. Como si hubieran venido antes de tiempo.

Ella describe la postnormalidad como “una tendencia o transformación de tipo estructural (y cultural), y que por las propuestas tan disruptivas que comprende genera ya en la actualidad múltiples tensiones”. Una situación que describiría nuestra situación actual.

La enmarca bajo un agotamiento de modelos de análisis de la actualidad, una gran conexión entre muchos nodos que nos hacen percibir que es un caos, cuando “sólo” es un entramado de relaciones muy complejo. Un incremento de las contradicciones que muchas veces no se solapan, donde pequeños movimientos pueden desencadenar grandes cambios.

Hoy en día, explica E. Roselló, “el escenario subcultural funciona con dinámicas y reglas distintas”. “La construcción de nuestra identidad cultural se hace mezclando y adoptando valores, ideas y símbolos cultural bajo nuevos términos”.

Hoy en día, gracias a las nuevas vías de comunicación y conexión ya no sólo pertenecemos a un lugar de origen o nacionalidad, si no que nos acercamos -ahora más- a grupos de personas con las cuales nos son afines por la combinación de ideas, experiencias o estéticas que pueden ser de diferentes países. Salvando las distancias con un término el cual no me gusta, diremos que cada vez podemos ser más “ciudadanos del mundo”.

Un “ciudadano del mundo” que desde mi punto de vista, entendíamos que era la mentalidad occidental generalizada. La cual sería predominante pero en la actualidad, con un mundo multipolar, veremos como nuestras ideas y valores no son los predominantes. Y eso impresiona porque estábamos acostumbrados a tener las ideas “líderes”.  

 

Apuntes finales sobre Hypernormalisation

 

En la charla, Ingrid Guardiola, Andrés Hispano y Félix Pérez-Hita desembrenan primero el documental para después hablar de la figura de Adam Curtis.

Así pues, empiezan alabando la habilidad de Curtis para bucear y buscar material descartado por los medios de comunicación, material que después usará en su propio beneficio y montar sus documentales y darle imagen a una realidad.

Destacan su habilidad en el montaje, en la narración. De estilo rápido, hipnótico y a dar información a una alta velocidad. Su modelo consiste en dar por hecho sus argumentos y cuando aún no los asimilado pasa a contar otra cosa.

Andrés Hispano destaca, de forma irónica, la facilidad que tiene para crear conceptos “vacíos”, atractivos para poder introducir sus tesis de forma “blanqueada”. Destaca por ejemplo “gestión de la percepción” o “la subjectivització de la experiencia diaria”.

Ingrid Guardiola hacía mención a esa sensación de inquietud y de tranquilidad que te dan sus tesis. De saber que todo tiene un inicio o razones (o eventos). Donde, como toda historia, necesita por fuerza relaciones i una cronología (a veces más atractiva que las noticias oficiales). Todo acaba significando algo, destaca Félix Pérez-Hita.

Hispano (creo recordar), destaca que el autor, en forma consciente o de autoparodia, usa las mismas técnicas que critica para elaborar un relato y tesis. Éste no invalida la historia “oficial”, sino que la complementa y crea impotencia. Sus historias no acaban de ser conclusivas pero nos dan una alternativa al relato oficial.

Por último, los tres especialistas sugieren que, aunque parezca que sea un documental con una relación concluyente, lo que Adam Curtis quiere es ayudarnos a pensar en cuestionar la narración de la realidad.

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