Marc Martí | Un estudio dice™: Buscando el porqué de la obsesión de los datos como argumento incuestionable
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Un estudio dice™: Buscando el porqué de la obsesión de los datos como argumento incuestionable

Un estudio dice™: Buscando el porqué de la obsesión de los datos como argumento incuestionable

Introducción: De los hechos a los datos

Creo que no soy el único que oigo cómo algunas personas se apoyan en los datos para argumentar de una forma muy concreta. Si bien es cierto que el uso de datos sirve para hilvanar un punto de vista más claro a veces obviamos que el uso de datos puede partir de un sesgo o bien -según haces la pregunta- orientar a una conclusión específica.

Si esto último debería ser algo sabido por todos, veo a veces que se usan los datos como una suerte de truco retórico que no se presta al contra-argumento. Como si fuera una verdad absoluta e indisoluble. Un ganar por K.O. argumentativo.

Después de estar un tiempo buscando y encontrándome por suerte artículos que hablaran de forma directa u orbital alcancé un artículo de Jill Lepore que más o menos aglutinaba parte de esos intereses sobre el tema.

Comienza Jill Lepore llevándonos siglos atrás, empieza explicando como en Occidente el juicio por combate, una forma en que Dios al final era quien juzgaba, algo así como el único método de contra-investigación y como prueba judicial. Resultado que en sí mismo era la evidencia.

Pero es con el salto a los juicios por jurado que se coloca el juicio en manos de los hombres. Se requiere, por tanto, un tipo diferente de comprobación: Hechos.

Este paso, explica J. Lepore, requerirá de una nueva doctrina de pruebas y un nuevo método de investigación. Según la historiadora Barbara Shapiro, es en este punto que nace un concepto llamado “la cultura de hecho”: algo así como que la idea de que la observación o presencia del acto es la base de la verdad y el único tipo de evidencia que es admisible, no sólo en los tribunales, sino también en otros ámbitos donde se arbitra la verdad.

Y con el empirismo hemos topado: Estos creían que habían deducido un método por el cual acercarse a eso llamado verdad mediante una fórmula imparcial y verificable.

En tanto que este método ofrecía acercarse a la verdad de forma más sencilla, la cosa se iba poniendo turbia, relata la profesora de Harvard. En algún lugar a mitad del siglo pasado y gracias al fundamentalismo, posmodernismo,  derecha religiosa y de la izquierda académica (¡Qué cuatro jinetes, oigan!) llegaron a un “acuerdo”: algo así como que la única verdad era la verdad de la divina o no hay verdad y que eso del empirismo tampoco es para tanto. Esto preveía un caos epistemológico de los grandes.

Damos un paso adelante llegamos a la actualidad, donde la llegada de Internet y la era del “hecho” está llegando a su fin, dice la autora.

La razón es que la palabra “dato” está haciéndose con el poder del significado de “hecho” para más caos epistemológico. Términos como “Big Data” y similares habrían influenciado en favor de la absorción del valor de “hechos” para “datos”.

Entre otras cosas porque la recopilación y evaluación de hechos requieren una investigación, el discernimiento y juicio, mientras que la recogida y el análisis de los datos se subcontrata a las máquinas, explica. Parece ser que la automatización del proceso implica ya “verdad”.

A eso sumadle lo desvirtuado que están la idea de “hecho” cuando la “verdad” absoluta está tan entredicho. Se necesita de un nuevo estándar y parece ser que los “datos” cumplirán ese fin.

Ya no descubrimos hechos, simplemente los descargamos y ¡pam! a golpe de clic obtenemos nuestra información. La cosa evoluciona en que, los datos -que son usados como hechos no maleables- son una conclusión en sí misma, imposibles de contraatacar de forma argumentativa.

La docente sigue indagando, buscando la raíz del problema y se apoya con el filósofo Michael P. Lynch, que explica que hemos llegado a una conocida paradoja: la razón no puede defenderse sin recurrir a la razón. Lynch, al buscar las fuentes de escepticismo acerca de la razón, identificó tres:

  • la sospecha de que todo razonamiento es la racionalización,
  • la idea de que la ciencia es sólo otro tipo de fe,
  • y la noción de que la objetividad es sólo una ilusión.

Las consecuencias de estas tres fuentes son, en su opinión, nefastas para mantener la autoridad de los hechos. Lo explica así: “Sin un fondo común de normas contra el cual medimos lo que cuenta como una fuente fiable de información o método fiable de la investigación y lo que no, no seremos capaces de llegar a un acuerdo sobre los hechos.”

Además, por otro lado, tampoco vienen a importar “tanto” los datos o hechos, ya que con la idea de “no existe verdad absoluta”, parece que en este siglo tenemos instalados la mentalidad de “no puede demostrarse en su totalidad”. ¿Por qué? Seguid leyendo.

“Conocimiento es poder” o ¿,Los datos son poder?

 

En una cultura obsesionada por los números, algunos consideran que si algo no se puede medir es que no es importante. La mayor tragedia de la actitud “datos son el rey” es que los números se ponen por delante de forma demasiado rápida.

Este mantra de los datos como panacea argumentativo causa que muchos expliquen sus observaciones detrás de la comodidad de los datos.

¿Soluciones? Jill Lepore sugiere que hay dos: “una sería encontrar algunos principios epistemológicos que no sean el empirismo en la que todo el mundo puede estar de acuerdo. La otra opción sería encontrar algún método que no sea la razón con la que defender el empirismo”.

Michael P. Lynch sospecha que hacer la primera de estas cosas no es posible, pero que la segunda podría ser. Él piensa que la mejor defensa de la razón es un compromiso práctico y ético común. Algo que para mí -ya me perdonareis- es muy vago en acciones concretas.

Solían decir que el conocimiento es poder, pero ahora con Google, la información está en todas partes y de forma barata explica Douglas Moran en un post muy interesante.

Este viene a decir que hay una gran diferencia entre información y conocimiento. Mientras que muchos abogan por los datos e información como puntos capitales, otros señalan el conocimiento. (Ojo, que D. Moran cae en el mismo “problema” explicado anteriormente: tratar los datos como hechos.)

Pero éste dice que hay dos pasos más en el camino del conocimiento, que viene a ser una “malla” que une toda la información de forma vasta.

Si bien ahora comprendemos Internet como una suerte de memoria eidética -que lo almacena todo, resumiendo- este no ordena ni cataloga, por así decirlo. No crea asociaciones ni vínculos como hacemos en nuestro cerebro. Son sólo enlaces estáticos.

Ante tal volumen de información, la tarea de marcar, ordenar y seleccionar esa información es magna tarea. Este es el paso siguiente al conocimiento, el cuarto paso. Es aquí donde nosotros empezaremos a crear conexiones.

Y el quinto paso viene con las conexiones, entre esos fragmentos conectados que otros no ven es el punto diferencial. Ahí reside ese “poder” que buscamos. Lo que Doug Moran tilda de “Wisdom” (sabiduría): las asociaciones para llegar a ideas propias. No sólo son los datos sino la visión para ver esas conexiones entre puntos. Y de ahí a nuevas ideas que crearán nuevos datos y que no pare la rueda.

No son los datos, personas, son las conexiones y las conclusiones y deducciones. Los datos no son el poder; el conocimiento es poder, y el conocimiento proviene de las conexiones y las nuevas asociaciones para dilucidar nuevas ideas.

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Argumentando con datos™: La supuesta “tranquilidad” de postular con el apoyo de los datos

 

Es tentador pensar que con un volumen tan increíble de datos detrás de ellos, los estudios que dependen de grandes volúmenes de datos no podían estar equivocados. Y este volumen ensordecedor, explica Jesse Dunietz, puede que induzca a una falsa sensación de seguridad.

La pantalla se interpone como un velo entre la imagen real del mundo y la computerizada. Tendemos a creer que esta gestión y tratamiento da para que, las conclusiones que salgan, sean verdades inmutables.

Los datos, según en manos de quién están –escribe Allison Schrager– se usan para darse cierto aire de autoridad en una materia, como de conclusión cerrada a cualquier objeción por usar datos “objetivos”. Y los datos interpretados son inherentemente propensos al sesgo, hay cierta “contaminación” al interpretarlos.

Explica Manuel Aristarán, que éstos, de forma pura y masiva son tan manipulables como cualquier otra información. El como y donde se publica es una decisión editorial y política.

Esta supuesta forma objetiva y neutral del discurso informático, sigue M. Aristarán, le da a todo un aire de objetividad pura pero que no es cierto. Los datos son editoriables y editorializables y se puede hacer política en qué y como publicar datos.

Los datos aparentan una supuesta neutralidad pero la misma selección ya es un sesgo en sí mismo. Analizar o no el sexo, origen, religión, altura, posicionamiento político o nacionalidad de un grupo puede condicionar el análisis posterior. La codificación o no de un dato en particular dentro de un conjunto puede informar y camuflar una realidad al mismo tiempo. Sin interpretación, los datos no sirven de nada.

En este nueva forma de debatir al final resultará que la ‘evidencia basada en datos’ eran interpretaciones a encuestas sobre percepciones y que exhalar “la evidencia”, “basado en datos”, etc. servirá para refutar o defender cualquier cosa, resumía Andrés Boix.

Una vez más, creemos que la herramienta tecnológica ofrece objetividad y no. Es la voluntad política y social que trasciende a la herramienta.

Por tanto, toca comprender cómo interactuamos con los datos y, desde un enfoque humanístico, indispensable para que tanto los ciudadanos como las instituciones mantengamos una supervisión constante del método de recopilación de información.

Cherry picking, una práctica habitual que hacemos todos

 

Así, de pasada, también toca apuntar esa necesidad que tenemos todos en alguna medida de sentir que nuestra visión del mundo importa, independientemente de cuál sea la verdad.

Aquí entra en juego la falacia de prueba incompleta, supresión de pruebas, o por su designación en inglés cherry picking (seleccionar lo mejor de algo, o bien, seleccionar lo peor de algo, o bien, seleccionar algo “a la medida”).

Cuando se desafían nuestras creencias, tendemos a creer más en ellas. Pasamos de analizarlo como una concatenación de hechos a tratarlo como una opinión moral personal. Y si sucede a pasar al revés, donde los hechos reafirman sus creencias, decimos que nos basamos en los hechos antes que en opiniones morales.

Cuando algo no cuadra, no sólo se niegan los hechos particulares sino su relevancia dentro del debate.

Los datos o hechos, por tanto, parece ser que no son la herramienta perfecta para ganar una batalla dialéctica. El truco es que cuando algo no cuadra, no sólo se niegan los hechos particulares sino su relevancia dentro del debate.

Ilustración principal: Jennifer Daniel

Ilustración secundaria: Douglas Moran

1Comment
  • Roberta
    Posted at 15:06h, 02 Mayo Responder

    Y si mis datos no coinciden con la realidad, pues peor para la realidad. :o)

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