Marc Martí | “Hate watching”: Cuando la crítica es deporte colectivo
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“Hate watching”: Cuando la crítica es deporte colectivo

“Hate watching”: Cuando la crítica es deporte colectivo

Crítica en comunidad: Ese “guilty pleasure” tan común

 

Observar críticamente siempre se ha practicado. Desde lo más complejo hasta las banalidades más insignificantes. Internet nos ha abierto la puerta ha encontrar espacios en común que antes podíamos encontrar en círculos reducidos.

La programación televisiva nunca se ha escapado de tal cosa. El primer programa que tengo constancia (y que ahora se practica como deporte) es la crítica a Eurovisión.

Como dicen en Zenith Media, la ecuación normal “serie de televisión + espectador = disfrute satisfactorio” no siempre ha sido así. La razón para ver un contenido se extiende y hasta tiene rendimiento económico. Ahí aparece el hate watching: ver un programa o una serie de televisión a pesar de detestarlo, o, precisamente, porque lo detestamos. (1)

El hate-watching, dicen, estaría dentro de las parcelas de la cultura del troll. Entre las razones principales de esta forma de consumo está la complacencia que se obtiene criticando el producto: La actuación de los actores, las deficiencias de las tramas, demostrando superioridad moral o intelectual por parte del que la practica.

Esta práctica necesita de una doble pantalla para poder compartir e intercambiar impresiones. Es aquí -en programas de mucha audiencia- donde se practica una competición espontánea por ver quien aporta el mejor material.

El hate-watching necesita también de una legión de fans del contenido que sean defensores acérrimos. Ahí está Lost, por ejemplo.

Sentirte parte de un grupo de personas también es una de las razones, el no salirse de la norma dentro de tu grupo de interés o aspiracional. Lo vemos con más constancia en las series, pero también se extiende a temas como los runners, hipsters, becarios, estilos de vestir o vegetarianismo.

Creo que “hate watching” no es el mejor término para definir este ejercicio. Uno no sintoniza una cosa semanalmente para odiarla. Directamente no lo ve. “Placer culpable” es una mejor definición. El espectador sabe que está consumiendo algo que considera de baja calidad que, aún así, le gusta. 

No siendo este un hábito malo, lo que a si se puede llegar es que este tipo de interés por estar en el grupo de los críticos y cachondos nos dé por observar estos contenidos sin una esperanza por encontrar calidad o no sentirnos a gusto si el  contenido realmente nos gusta.

 

Posibles factores del crecimiento del hate watching: El nacimiento de los seriéfilos

 

En la actualidad se comenta que la televisión está teniendo una edad de oro en cuanto a series televisivas. Series como Los Soprano, The Wire o Twin Peaks han envejecido muy bien, se les ha laureado en cantidad y muchos canales saben que es un valor interesante que se les puede asociar a la cadena.

Considerar estas producciones de tal abre la veda de que, en un sociedad de abundancia y apertura a recibir y esparcir opiniones de diferentes colores, muchos puedan opinar y dar sus argumentos para considerar algo como bueno, malo, excelente o desastroso. La crítica amateur también tiene las de decir.

Esta sobre-expectación y etiquetado de culto a una gran cantidad de series saca a la luz nuevas “profesiones” o prácticas: el entendido de series que alguno tiene a hinchar su pasión y se autodenomina “seriéfilo”. Y que haya “haters” pululando a su alrededor.

“El seriéfilo vive en un sprint perpetuo y necesita verlo todo antes que nadie, ser el primero en amenazar a la humanidad con spoilers” decía Òscar Broc. La velocidad en que se esparce la información exige una respuesta rápida al visionado y a sus posibles significados. (2)

Por culpa del seriéfilo, la forma de consumir, asimilar y analizar las ficciones televisivas en la actualidad se ha gangrenado hasta la misma raíz. Es un encaramiento diametralmente opuesto al imperante antes del boom” sigue Broc en su artículo contra los seriéfilos.

En su búsqueda incesante de paralelismos, de recovecos mágicos con significados ocultos se crea una competición. Competición que caldea el ambiente para una parte del público que buscará la crítica a ese material audiovisual y a los mismos que explican sus opiniones desde posiciones de entendimiento en el que entrará en juego una partida de desautorizaciones al material y al que opina sobre el contenido.

 

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El problema de la gestión de las expectativas y de la narración oficial del significado de la serie

 

Este nuevo “exceso” de televisión de calidad ha hecho que se rompa la balanza que calibra la relación esperanza-reloj decía Allan Sepinwall. (3)

Las expectativas, el hype de futuras series o de series que están teniendo muy buena acogida son campos de cultivo para que brote el hate-watching. Cuando la serie no puede cumplir con las expectativas, se nos presenta más “divertido” criticar el producto que darle oportunidades por si en un futuro mejora.

Pasa con True Detective 2, linchada por que tenía un listón alto con la primera temporada. Seguro que habéis visto un patrón común en la crítica a Twitter: Elegir una pareja famosa o dos personajes extraños y dispares de nuestra cultura audiovisual anterior a la serie y decir que serán los protagonistas de la 3a temporada.

Los programas de telerrealidad son invernaderos para eso. “Gran Hermano” y sus diferentes ediciones nos guían. El ejemplo más claro de utilización de este movimiento podríamos decir que lo perpetró Cuatro cuando se apropió del cachondeo generalizado bajo el hashtag #tróspido  sobre “¿Quién quiere casarse con mi hijo?” para rebautizarlo como un triunfo del programa.

Y es que para cuantificar el share (y posterior cobro del espacio televisivo) poco importa por ahora que ames o odies el programa si lo acabas viendo igual.

La generación de tantas expectativas hace que la posibilidad de caer de más alto suban. Internet ha dado más velocidad al día a día, poniendo contra la pared a productores y guionistas.

El fácil acceso e intercambio de ideas que nos proporciona lo digital ha hecho que quien controlaba la narración oficial del producto no pueda contrarrestar a la legión de fans y haters que nadan alrededor del programa o serie.  

Evidentemente, no todo es negativo. Una legión de fans bien armados de argumentos puede hacer aflorar contenidos que antaño no se les prestó la atención debida. El caso más común sería The Wire, que tuvo un renacer gracias a aquellos que enseñaron de forma clara y sin aspavientos como ver la serie.

El tiempo, lo mismo que puede carcomer las expectativas de un producto audiovisual por culpa de la instantaneidad y expectativas desmesuradas, puede ayudar a sanar y enaltecer a otros contenidos que en su momento pasaron desapercibidos.  

 

 

Enlaces utilizados:

Ilustración principal: Edel Rodriguez

Ilustración secundaria: Autor no encontrado

1.- ¿Qué es y cómo funciona el hate-watching? DicZionario

2.- ¡Muerte al seriéfilo!

3.- Hope-watching vs. Hate-watching in TV’s new golden age 

 

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