Ello.co como síntoma (y aprovechamiento) del problema de privacidad

El manifesto fundacional: Omitiendo información relevante

De Ello.co nos atrajo ese manifesto anti-publicidad, pero comenta Chris Lee que el manifiesto de Ello peca de no ser concreto. Simplemente nos ofrece la ilusión de escapar de un sistema por el cual nos sentimos coaccionados o oprimidos. Esa argumentación de que las redes sociales que publican publicidad son malas ignora que a la gente no acaba de molestarle.

Es que si jugamos a ser el abogado-del-Diablo podemos ver que Google y Facebook son los más incentivados por asegurarse que la experiencia de usuario sea perfecta. Después de todo, el valor que ofrecen tiene que ser suficientemente bueno para obviar los efectos “negativos” de ver publicidad. (1)

Ello nos promete no poner publicidad y que los nuestra información no será nunca puesta a disposición de terceros para fines publicitarios o comerciales pero en sus propias políticas de privacidad es un poco más «flexible». Se comprometen también a no compartir información personal, a menos que reciba el consentimiento o obligados a hacerlo por las autoridades judiciales, y en otros dos casos notables:

En primer lugar dicen: «si contratamos a terceros proveedores de servicios que ofrecen servicios para ti, por ejemplo, con una compañía de procesamiento de tarjetas de crédito si usted decide comprar algo a través de Ello»; y en segundo lugar, «por ahora Ello no tiene empresas afiliadas en este momento, si lo hacemos en el futuro, podemos compartir información con ellos, también”, ¡PAM! (2)

Por un lado nos enseñan la cara de no-a-la-publicidad y por la otra nos muestran su modelo empresarial. Entendemos que hay una clara expectativa de conseguir financiación por alguna vía. Y es que Vermont FreshTracks, que les “donó”435,000 dólares, a lo mejor desea ver algún tipo de retorno de inversión.

Y teniendo en cuenta la fama que ha cogido estas semanas, no es nada descabellado pensar en que en la próxima ronda de financiación aumenten los interesados en invertir.

Sobre la financiación: Una fórmula que falla

Ello es un negocio. Explica en su blog explican que los consumidores podrán hacer micropagos por características específicas que mejorarán su experiencia de uso. ¿Un modelo freemium? Así, si se crea una función especial que gusta, puedes pagar una cantidad muy pequeña para agregarlo a tu cuenta Ello para siempre. Exponen que cada persona complementa su perfil mediante aplicaciones diferentes, es una forma de personalizar la “experiencia” de Ello.

«Lo que quiero probar es que los anuncios no es la única fórmula para hacer dinero en internet. Lo que está fastidiando internet y creando todos los problemas de recolección de datos y cuestiones de privacidad tiene que ver con el modelo publicitario de internet» dice Paul Budnitz, uno de los cofundadores.

No sabemos cuales serán las primeras mejoras (¿una aplicación móvil y un API?) pero ellos dicen que sólo hará falta pagar una vez y ya lo tendremos para siempre.Esta opción puede que sea errónea, expone Chris Lee, ya que la “experiencia Ello.co” se verá limitada por no poner en práctica todas las funciones desde un inicio. ¿Dará lugar a altas tasas de abandono? (1)

La fórmula de pagar por adelantado funcionará si los desarrolladores tienen planes de lanzar nuevas versiones del software que nos «exija» de algún modelo actualizar los servicios contratados. Además, el desarrollador debe tener un material la mar de convincente para ganar mi pago por adelantado. Por otro lado, si el desarrollador nunca va a cobrar por las actualizaciones, entonces creo que este forma de negocio no sería muy favorable, ya que entiendo que un desarrollador de una aplicación se motiva para poder reunir la mayor cantidad de pagos por adelantado como sea posible sin tener en cuenta para los clientes existentes.

Además, esta fórmula de “desbloquear” opciones puede que de forma indirecta tienda a frustar al usuario, que ve como no puede realizar acciones que necesitan de un app de compra para realizarla. Es como minar la sacrosanta experiencia del usuario.

Dice Ben Thompson que la publicidad no está en realidad muy lejos de un servicio al estilo de suscripción y que cuando se trata de redes sociales es la mejor opción ¿por? Explica que una red social sólo es buena en la medida que tengamos amigos o usuarios interesantes a quien seguir y la mejor forma de atraerlos es de forma gratuita. (3)

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El truco del «you’re not a product» y jugar a la baza de la privacidad

El boom de Ello – y el interés que está despertando- demuestra que cada vez los usuarios están más preocupados por esa realidad por lo que se hace con sus datos. Eso junto al problema que ha tenido FB, les ha venido como anillo al dedo a Ello.co para subirle a la ola de la notoriedad y para que se constate que según contexto, el grado de privacidad que exigimos es uno u otro (4) . Y con ello exigimos que la recopilación y difusión de información sean adecuadas con este contexto.

Dice Luke Heemsbergen que Helen Nissenbaum etiquetaría este problema como un caso de «integridad contextual”, una idea que se asocia más a comunidades y a la plataforma que no a una sola persona. Se entiende que las medidas de la decencia, la etiqueta, la sociabilidad, las convenciones y la moral son creadas en comunidad y no dictadas. Es decir, contextualmente se presupone de “privacidad base”, ligada a la plataforma y flujos de información y cuando se agrede o cambian estas, se viola la «privacidad». (5)

Este problema creo que lo hemos visto alguna que otra vez en Facebook o Twitter: Cambian una párrafo o línea de código y todos con el grito al cielo pero sin abandonar el barco. Y es que ya tenemos internet metido por todos los recovecos, sacando información de nuestro día a día vía apps y diferentes plataformas.

Con esto no estoy ondeando la bandera de Lo Distópico Is Coming, quiero decir que somos «necesarios» a estas empresas y creo que el discurso de «si no pagas eres el producto» queda desfasado en este sentido.

«Necesitan» de nuestra interacción e información para sacar rendimiento económico. Ya sea mediante la inserción de publicidad, el análisis de nuestro comportamiento para después vendernos mejores servicios o productos u otras modalidades. No hace falta ver un anuncio por el timeline para «saber» que por algún lado te están colando publicidad o aprovechando tus datos. Hay y habrá otras fórmulas. Ahora si queremos darle la vuelta a tortilla, si queremos un tweet digno de RT, podemos decir que nosotros, los usuarios, somos un servicio para las empresas a las cuales ofrecemos gratuitamente o pagando nuestra información.

Es evidente que la línea que hay entre abuso y normalidad en «extracción» de datos es delgada. Y vemos como estas plataformas mueven la línea de las políticas de privacidad, terreno en el que las administraciones públicas van lentas en movimientos (6). Y ya que estamos sumemos un poco de dependencia a la plataforma donde están «todos» y por el cual hemos variado nuestra noción de privacidad. Con esto podemos intuir que la migración masiva hacia otra plataforma se antoja difícil.

¿Qué pedimos entonces a esos servicios y plataformas por las que no queremos pagar, que son «gratuitas? ¿Preferimos una forma más «consciente» de publicidad -que podemos ver- en el timeline o preferimos que sea todo más sutil, por debajo de la alfombra? Y que después que nos ofrezcan la posibilidad de pagar por posibilidades avanzadas, del estilo freemium. ¿Que perfeccionen el sistema de análisis de datos? Así que nos pasen publicidad ¿decente? de la que al menos me pueda interesar algo. ¿Es esto jugar la liga de «el mal menor»? ¿Sería la postura de cierta resignación?

 

Enlaces utilizados:

Ilustración principal: Mitch Blunt

Ilustración nº2: Dale Edwin Murray

(1) Ello is not the answer | Chris Lee

(2) Ello Privacy Policy | Ello

(3) Ello and consumer friendly business models | Ben Thompson

(4) Facebook Apologizes to Drag Queens Over “Real Name” Policy | Kurt Wagner

(5) Say Ello to the new privacy debate on social media |Luke Heemsbergen

(6) De la brecha digital a la trinchera legal: Un problema del Dinero Viejo | Marc Martí