Industria musical 1/5: El fandom, de la adquisición a la atención

 

Esta es una serie de cinco artículos alrededor de la industria músical. Estos escritos intentan ser una investigación para resolverme dudas y concretar nuevos conceptos y dinámicas alrededor del sector.  

Fandom, la figura del artista, tecnología, eventos y videoclips son las cinco partes que componen un auto-resumen de los puntos más interesantes de la evolución alrededor del negocio musical.

Introducción: del espectador al interventor

En este primer artículo reúno una serie de concreciones alrededor del papel del fan dentro de la industria musical.

Trato de sintetizar como las nuevos dispositivos, herramientas y espacios digitales disponibles hacen que el fandom tenga capacidad de movilización y narrativa propia.

Además, el valor de la música tiende a cero, siendo está un punto inicial desde el cual los diferentes actores se movilizan. Así pues, estas observaciones se centran en el papel del espectador/a en la nueva cadena de valor.

1. comprar música → alquilar música

En la actualidad, gracias a los servicios de streaming, y después de pasar la etapa del pirateo, ya no compramos música sino que alquilamos una biblioteca musical, en principio, a perpetuidad, como diría David Turner (1).

Las empresas de streaming no son más que la tendencia generalizada que de base predispone la tecnología: Software as Service. Así pues, y en el caso de la música, ya no estarían pagando tanto por el acceso a música sino por su integración en sus vidas.

Como veremos en otros artículos, la música se convertirá en una commodity que empuja a los servicios de streaming a competir en precio, en contenido exclusivo y una efectiva curación de contenidos.

La música no será visto como un producto sino como un punto de entrada a la conversación, ya seas fan, artista o empresa vinculada al sector musical.

(Este apartado se desarrollará en próximos artículos)

 

2. objeto físico → integración en día a día

El producto musical es un objeto que, al aplicarle la presión de la digitalización ha mutado a servicio y son los dispositivos y servicios de streaming los toman más importancia para el usuario. Esto no es nuevo, lo vimos con el gramófono, el walkman y el iPod.

Podríamos decir que la elección de un servicio de streaming ya sirve para posicionarte hacia tu comunidad.

Otro tema a tratar es el ligero repunte de los vinilos como objeto de coleccionista. Esto viene a decirnos, creo, dos cosas: En un momento de digitalización del sentimiento de pertenencia, estos artefactos adquieren más valor representativo de la identidad en espacios privados.

Por otra parte, La desmitificación y desmaterialización del consumo de música puede fomentar que se vea aquel que desea materializar en objetos coleccionables su interés como alguien nostálgico o pedante.

(Este apartado se desarrollará en próximos artículos)

 

3. comprar productos → tiempo invertido

Si anteriormente el fan se construya alrededor de la obtención de productos físicos (discos), ahora este se traslada hacia plataformas (visionados en youtube, comentarios en IG).

La participación ya se mide en tiempo dedicado al artista o grupo. El fan demuestra su pertenencia no por compra sino por atención y creación de contenido (memes, etc) alrededor de su artista favorito para que este se mantenga la atención de los focos.

Así pues, como dice David Turner, el modelo de negocio musical no requiere tanto de álbum como de una narrativa semanal dentro del mundo de los oyentes/fans/prensa para justificar una suscripción mensual a nuestrx autorx favoritx.

El compromiso, por tanto, es lo que realmente tiene valor del fan. La industria es después quien debe traducir y monetizar esta atención. Una vez que se demuestra que el valor de la música en sí misma tiende a cero (Spotify y iTunes mediante), las compañías deben volver a imaginar cómo los fans se involucran y pagan por la música.

(Este apartado se desarrollará en próximos artículos)

 

4. adoración al artista → co-creación a una pertenencia

Con las paredes de los géneros derrumbados, la pertenencia a una comunidad se expande.

Siguiendo la clásica máxima de “La gente no compra productos, compra mejores versiones de sí mismo” podríamos destilar que unx sigue a unx artista no ya solo por su discurso musical sino porque encaja dentro de la comunidad a la que se adhiere.

Si antes de internet esto ya era visible, con internet, la comunidad consumidores pueden crear narrativas alternativas a la originada por el/la artista. El o la cantante deberá decidir si le interesa participar de este sistema de creencias al que se vincula o no.

(Este apartado se desarrollará en próximos artículos)

 

5. asistencia a evento → modelo de suscripción

Si estamos diciendo que el cantante tiene una narrativa constante, la asistencia a un evento no es un fin, sino la validación y confirmación de que tenemos su atención.

La asistencia a un evento musical ya no sólo te da la autoridad como fan reconocido, sino que ahora el mismo fandom e industria te pide atención, una suscripción mensual en clave de atención. Así es como ingresas en el club de fans.

Si la posesión de música es digital, uno de los objetos que más podían definirte a nivel identitario antes, ahora se busca remarcar la experiencia física: asistir a un evento, Stories, etc son más fuertes que un enlace a una canción.

Se debe asignar tiempo y esfuerzo para demostrar su pertenencia y posición con los demás.

(Este apartado se desarrollará en próximos artículos)

 

 

Calendario de los artículos sobre la industria musical:

26/02 #1: El fandom, de la adquisición a la atención

05/03 #2: Artista, de creador musical a inventor de identidades

12/03 #3: Tecnología, del fetiche al algoritmo

19/03 #4: Eventos, de finalidad a touchpoint

26/03 #5: Vídeoclip, de contenedor a territorio a explorar