De la “infobesidad” a la “infoxicación”: El problema de una mala dieta informativa

De la escasez artificial a la abundancia informativa

Internet ha propiciado un encontronazo entre los medios de comunicación “tradicionales”, los nuevos medios nacidos al calor de internet  y los blogs que redactan contenido sin previo pago. Estos portales/blogs informativos que generan información se ponen al mismo nivel que los medios de comunicación, que ya no están en tiempos de una escasez artificial por un “precio de entrada” suficientemente alto para no permitirse el intento. (1)

En Las Indias, explican que esta situación, es decir, cuando la estructura de producción y costes vuelve innecesario ajustar colectivamente -via mercado o decisión autoritaria o democrática- que se produce se tilda de “la lógica de la abundancia”. (2)

En terrenos digitales, un espacio donde el coste de un post extra es cero, publicar un post no implica que otro tenga que ser más corto, y con ello uno ya no tiene que pactar qué se publica y qué no. Como tenía apuntado en otro post: La prensa escrita por la que se pagaba, ahora se ahoga ante tal situación. El modelo sobre el cual se apoyaba (“Publicidad entre información”) no funciona en lo digital, ya no sustenta el modelo de financiación de los mass media por la “devaluación” de la información por abundancia informativa.

Además, cuando no tienes el monopolio de la distribución, “robada” entre muchos ya sean “redes sociales”, agregadores automáticos, comunidades y otros medios de comunicación nativos de internet, nos damos cuenta que conseguir notoriedad viene ligado a la comunidad y capacidad de generar confianza entre las personas de las distintas comunidades, que buscan enlazarse y recomendarse información sin acotar en pactos empresariales.

Este fenómeno, explicaba Juan Urrutia, también coge de la mano a nuevas fórmulas de creación de información, que traen consigo cambios en la política de competencia del sector. Aparecen nuevos medios y oportunidades en las que pequeñas empresas  se consolidan a base de “mecenazgo” digital o ser empresas comunitarias.

Ante este panorama económico, están los empresarios tradicionales que ante un posible sorpasso económico tratará de evitar lo que la tecnología puede conseguir, que es que se intermedie por ellas, que aparezcan nuevos agentes en el sector y que las comunidades proliferen más allá de su radio de acción.

Tratarán de proteger tu posición de monopolio evitando la generación de nuevas redes junto a otros focos de usuarios. Incluso intentará mediante lobby acotar o reformular el marco legal para conseguir una prórroga, confirmando eso que parece ser ya una regla: Cuando hay presión legal sobre unos intermediarios o empresas digitales, hay innovación en el sector. (3)

Aprendiendo a consumir: Por una buena dieta informativa

David Mendaña, que trata muy bien y desde varios puntos el tema de la abundancia informativa, usa un símil alimenticio para hacernos comprender que no no estamos ante una “infoxicación”, ya que normalmente una intoxicación no es voluntaria y  es una interrupción de la normalidad. Y es que hoy -explica- se fabrica la información en grandes cantidades, superiores a la capacidad de absorción, cosa que nos entorpece y ralentiza, pero nos acostumbramos. Por eso se parece más a la obesidad fomentada. (4)

La “infobesidad”, a primeras, la relacionaba con el concepto de “exceso de información”, pero al leer a David Mendaña explicar que no había “exceso de información”, comprendo que más que exceso de información -que sí, que lo podríamos considerar- que entra por nuestra retina y ocupa nuestro timeline el problema es como la gestionamos. (5)

En la actualidad, gran cantidad de la información diseñada para impactar al usuario se crea con la intención de “sólo” captar la atención, más allá de informar de forma profunda, ahí tenéis los posts con clickbait. La fórmula del clickbait que se injerta la mar de bien en plataformas sociales o agregadores, que nos acostumbran esa saturación. (6)

Algo muy común cuando hablamos de comunicación en internet es hablar de infoxicación, hay fruncir el ceño cuando leamos tales conclusiones, y preguntarnos de donde vienen estas aserciones, pues muchas veces nos encontraremos que provienen de medios de comunicación tradicionales, que hay visto como la Red amenazaba la comodidad de su “coto de caza”. (7)

La clave para no quedar sepultado ante tanta información es no ceder a la banalidad del consumo promovido por aquellos medios de comunicación o webs que la practiquen, explica Jose Alcántara. Si Internet no se usa correctamente, uno acaba abrumado por la información, esa es una de las premisas por las que debería regirse cualquiera que se autodenomine “nativo digital”. (8)

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“Redes sociales”, agregadores y filtrados: El negocio de la intermediación

La causa de la infoxicación no es la tecnología, es el uso que la sociedad hace de la tecnología, dice David Mendaña. El mito de la sobre-información ha crecido con fuerza con eso que se conoce con Internet 2.0, al calor del cambio de gestión de la distribución de la información. Pero la aparición de varios actores en la distribución (con distintas fórmulas de gestión y exposición de la información) nos ha hecho ver que hay varios tipos y grados de herramientas y entornos para informarnos.

Nos encontramos en cambio en la balanzas de la distribución, la entrada directa a los blogs, asociados a la reflexión y el fortalecimiento de la presencia online autogestionada, ya no es la vía principal para conseguir información. Por el medio están los RSS y agregadores con su algoritmo de selección o redes sociales que bajo un supesto halo de comunidad nos regalan artículos recomendados.

Entre los responsables mayores de la información como consumible y no como fuente de conocimiento se encuentran Twitter o Facebook, que promueven -a parte de una centralización- un tipo de comunicación más rápida y de rápido olvido, enfocándose más en el flujo que en la sustancia y significado de las conversaciones, que explicaba Bianka Hajdu (9)

Y el último responsable en este baile es la del usuario. La gran entrada de personas en el mundo digital coincide con la explosión de lo que conocemos por “redes sociales” que explotan su capacidad intermediadora, capacidad de la cual viven económicamente y por el que pagan aquellas empresas que pueden permitírselo.

Y en esta ecuación se desplaza el factor “interés o capacidad de descubrir contenido nuevo” por uno mismo, talando una de las ramas más importantes de la naturaleza de internet. A eso, hay que sumarle los nuevos servicios de gestión y recomendación de información, con capacidad de acotar y seleccionar en base a unas características.

Con esto, vamos en una dirección en la que la gestión de la información se nos antojará primordial para una buena dieta informativa. Nosotros ya no seremos los únicos que de forma directa decidiremos que información consumimos, también daremos la oportunidad a algoritmos que están “sesgados” y a plataformas sociales que promueven un diseño de información por contexto como una forma o bien ahorrarnos tiempo o descubrirnos información, perdiendo nosotros autonomía pero ahorrando tiempo en búsqueda.

Nos dirigimos -entiendo- hacia un debate en el que colisionan dudas y retos sobre las nuevas vías de información y de como se adaptarán a nuestros “gustos” sin que sesguen nuestra visión con la intención de agradarnos y que nos dejen un margen para tener nuevas visiones sobre un mismo tema. Y de eso irá el próximo post.

Enlaces utilizados:

Ilustración principal: Mitch Blunt

Ilustración nº2: Miguel Montaner

(1) La responsabilidad del Brand Journalism en la “economía de la atención” | Marc Martí

(2) Lógica de la abundancia | Las Indias

(3) De la brecha digital a la trinchera legal: Un problema del Dinero Viejo | Marc Martí

(4) El problema de la infobesidad | David Mendaña

(5) El exceso de información no existe | David Mendaña

(6) Clickbait: Un camino de la “cultura del click” a la economía de la atención | Marc Martí

(7) La Red sólo infoxica si se usa mal | Jose Alcántara

(8) Los “nativos digitales” no nacen, se educan: Alfabetizando una generación | Marc Martí

(9) El flujo y la sustancia | Bianka Hajdu