Redefiniendo «sharing economy»: ¿Pervirtiendo el significado de compartir?

El consumo colaborativo se define por compartir, prestar o intercambiar bienes o servicios. Este concepto está en continuo crecimiento y algunos de los modelos de negocio se aprovechan de esta etiqueta para promover sus servicios.

La economía del “sharing” salta por encima de la economía de la propiedad y la posesión.

Con empresas como Uber, Lyft o Airbnb es un error pensar que la economía del compartir es una forma de “superar” el capitalismo, en la que compartir tiene más valor que poseer. Al revés, expone Byung-Chun Han: la economía del compartir conduce en última instancia a la comercialización de la amabilidad desinteresada. Uno se hace amable para recibir mejores valoraciones. (1)

De forma paradójica, en este “compartir” nadie da nada voluntariamente. Lo comunitario se vende como mercancía.

El relato de la “sharing economy” también lleva la etiqueta de «revolución», de desobediencia civil ante un entorno que “abusa” del hombre de a pie. Estas empresas ofrecen un servicio de un retorno justo, que se liga a la “verdadera naturaleza” de la personas, a la confianza entre humanos. Una forma de capitalismo ilustrado. (2)

Con ello, los modelos anteriores a estos, los tradicionales y anquilosados y bajo capas de permisos, tasas y parafernalia legal se echan a temblar.

Este “sharing” se parece más al hecho de alquilar de forma no regulada (de forma temporal o no), una fórmula que ya conocíamos. Eso sí, esta vez se apoya en promover el intercambio (y beneficio económico) donde antes nadie se había metido.

Bajo una supuesto tejido de redes de confianza y personas se establecen los viejos patrones de acceso privilegiado para algunos (Un ejemplo es Airbnb). Ahora sólo falta que los participantes y usuarios comprendamos que esta fórmula no esconde nada de “colaborativo”.

 

“Sharing is the new owning”: Resucitando activos supuestamente utilizados

 

Hay un cambio de mentalidad en cuanto a pensar sobre “propiedad” y “acceso” a productos y servicios, escribía Giana M. Eckhardt y Fleura Bardhi en HBR. (3)

Las mejores prácticas en marketing se han sustentado sobre modelos de propiedad, de ser partícipe de una comunidad, exponen las dos periodistas. Adquieres un servicio y producto y te sientes parte de esa comunidad. Con estas empresas que practican el “sharing economy” los consumidores no sientes que debas dedicar tiempo a este grupo de personas, no buscas el valor social.

Simplemente se rentabilizan activos no utilizados o no utilizables en el pasado: compartir el asiento vacío de mi coche siempre supone una rentabilización de sus costes de operación”, exponía en un comentario Gonzalo Martín. (4)

Hoy en día, nuestras pertenencias puede volver a entrar en circulación del mercado sin mucho esfuerzo por nuestra parte. El mercado nos encontrará en la comodidad de nuestros hogares, haciéndonos una oferta que no podemos rechazar, exponía Evgeny Morozov. (5)

Y es que, con la ayuda de la tecnología, convertimos toda mercancía que ha sido comprada y “retirada” del mercado -convirtiéndose temporalmente en «capital muerto»- en un objeto rentable que nunca acaba de salir del todo del mercado, subrayaba el escritor y periodista ruso.

 

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Es «sólo» economía: La etiqueta “sharing economy” como truco marquetiniano

 

En Economía colaborativa, tener la audacia de vender lo que ningún otro hombre ha vendido antes (6), un post que recomiendo (leedlo antes de acabar este) y que ya avisé que me basaría para hacer este, Jose Alcántara subraya los principales trucos verbales que se marcan estas empresas que, como él dice, no son diferentes que los otros negocios, ni son más horizontales y desintermediados que los «clásicos».

Uno de los lemas manidos por estas empresas, expone Jose Alcántara, es que la economía colaborativa los intercambios se hacen no para ganar dinero, sino para solucionar problemas prácticos entre personas. Como si las empresas que gestionan el servicio no percibieran ningún rendimiento económico.

“Es economía de acceso” explican Giana M. Eckhardt y Fleura Bardhi en HBR. La “sharing economy” que muchos promueven no va de compartir, va de alquilar. Se parece más al P2P pero sin un componente colaborativo o comunitario.

Cuando el hecho de “compartir” entre dos usuarios que no se conocen entre sí y está mediada por el mercado ya no se puede llamar “compartir” en el sentido colaborativo. Además, los usuarios pagan por acceder a un servicio o producto que ofrece otra persona de forma temporal.

Es un intercambio “sólo” económico, sin el componente social. Los consumidores están buscando el lado utilitario que no el valor social.

Esto implica que los consumidores están más interesados ​​en menores costes y en la conveniencia del contexto que en el fomento de las relaciones sociales con las personas que fomentas el intercambio. No sienten ninguna de las obligaciones recíprocas que surgen al compartir con otros.

 

Sharing transaccional vs Sharing Transformacional: Uno se queda con el significado

 

Una de las preguntas más relevantes que conlleva la etiqueta “sharing economy” es si esta es creíble cuando hay un intercambio de dinero de por medio, siendo este el único elemento de tal relación entre las partes interesadas.

El término “sharing economy” pues, abarca un amplio espectro de posibilidades en el que término “sharing” puede ser incluído.

Neal Gorenflo de Shareable usó una útil distinción entre “sharing transactional” y el “sharing transformational”: (7)

– El intercambio «transaccional» tiene fines de lucro, busca la eficiencia de los recursos y de los costes compartidos. Los beneficios revierten sobre la plataforma pero no tiene un impacto en las estructuras de poder existentes. Los bandos siguen igual.

Lo practicado por Uber y Airbnb se nos antoja similar a lo que desempeñaría una empresa tradicional.

El intercambio «transformacional» puede tener algunas o todas las características de compartir transaccional (uso más eficiente de los recursos, compartir coses), pero implica un cambio en la relación de poder y de relaciones sociales.

Tenemos el ejemplo en CoWheels Car Club o en Vandebron, plataformas que reinvierten sus beneficios en la misma comunidad.

Si pensamos en las principales empresas que pregonan esta etiqueta concluimos que el término “sharing economy” ha sido conquistado por un sector concreto del amplio espectro transaccional-transformacional que puede sentirse representado.

 

Observaciones finales: Y la comunidad ¿dónde está?

 

La economía colaborativa se asienta antes sobre un proceso de sociabilización que con una simple cuestión de ahorro.

«Compartir e intercambiar son verbos que realmente tienen sentido en un ámbito donde se promueva la comunidad, democratizando la propiedad de las plataformas y compartiendo también beneficios» sintetiza Juan Luis Polo. (8)

En esta “sharing economy” las empresas se desprenden del factor “interacción social y comunitaria” que se presupone que propone la “sharing economy”. Se enfocan a optimizar la comodidad y el precio sobre la posibilidad de fomentar las conexiones como ventaja competitiva. (3)

Se basan en formas de reputación y confianza (muchas bajo la etiqueta “sharing”) donde los consumidores son la “confianza” y los valedores del cumplimiento del contrato conectan la oferta y la demanda directamente, se convierten en el nuevo actor de mediación, sustituyendo a los lobbies y empresas monolíticas. (9)

Esto último no es una crítica a como sacan rendimiento económico o como influyen en la sociedad, sino es un intento por concretar una definición del término «sharing economy», que hemos visto desdibujado por la presencia de una tipo de empresas que se apoya en lo que vendría un «lateral» del mismo concepto.

Eso sí, este tipo de plataformas conllevan todo listado de problemáticas legales y laborales que implican a las administraciones públicas, que tienen que mediar e fomentar nuevas fórmulas legales para adaptarse a estas nuevos servicios. Y de esto mismo irá el post de la semana que viene.

 

 

Enlaces utilizados:

Ilustración principal: Marcel Bamert

Ilustración secundaria: Oliver Munday

1.- ¿Por qué hoy no es posible la revolución? | Byung-Chun Han

2.- The Case Against Sharing. On access, scarcity, and trust | Susie Cagle

3.-The Sharing Economy Isn’t About Sharing at All | Giana M. Eckhardt y Fleura Bardhi

4.- De taxis, Uber y “sharing economy” | Antonio Ortiz

5.- Don’t believe the hype, the ‘sharing economy’ masks a failing economy | Evgeny Morozov

6.- Economía colaborativa, tener la audacia de vender lo que ningún otro hombre ha vendido antes | Jose Alcántara

7.- Transactional Sharing, Transformational Sharing | Sharon

8.- El futuro de la economía colaborativa ¿sólo negocio? | Juan Luis Polo

9.- How to Frame the Sharing Economy Narrative (and Move On) | meedabyte

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